El modo de vivir de los habitantes de este pueblo fue en cuevas, de las que se conservan varias; una de ellas se observa asomándose al pozo de la era de Faustino Sosa, pozo que lo han tapado recientemente, en la pared de este pozo se observa un boquete que daba entrada a dicha cueva, y según los más ancianos de este lugar, consta de un gran vestíbulo con columnas de piedra y grandes galerías...
La leyenda dice que tiene unos dos kilómetros de longitud, hacia Daimiel, lo que nos hace suponer que puede enlazar con las corrientes subterráneas de los “Ojos” del Guadiana, asegurando varios vecinos que hacia este lugar no es esta sola la que se dirige, sino que hay varias y, concretamente, una que al parecer se descubrió su entrada al pasar un camión cargado de uva, y hundirse parte de la calzada, quedando al descubierto un gran socavón cerca de las escuelas nacionales; a ésta han bajado recientemente y se han vuelto temerosos de no verle el final. En el huerto de Dimas existe otra construida con mampostería, tiene un vestíbulo grande y varios pasadizos cuya terminación es desconocida. En el Alto Benito, lugar donde estuvo enclavada la ermita de la Concepción, no dejan de afirmar los labradores que conocen este paraje, que también debe haber una gran cueva; estas afirmaciones pueden tener cierta fiabilidad, pues yo he comprobado y observado, que al pasar el ganado, las pisadas producen un ruido diferente, y si se comprueba con una gran piedra dando golpes por ciertos sitios da la sensación que suena a hueco. Como vemos el pueblo de Arenas, y a decir de sus moradores está prácticamente minado por estas cuevas, todos coinciden en las mismas apreciaciones, si bien es pena no pequeña el no poder visitar alguna, pues su localización siempre ha sido casual en lo que se han limitado a volverlas a tapar, al menos las entradas.