Alcaraván (burhinus oedicnemus)
(También: Chorlito)

Discretamente el invierno nos va dejando y el mes de marzo va estirando los días, días que a regañadientes elevan sus temperaturas y el bullicio en el campo. Aun quedan días de mucho frío y de peligrosas heladas, pero el reloj de la vida ya ha decidido que no hay marcha atrás para sus criaturas. Entonces en las todavía frescas noches, se oye un griterío que llama la atención de cualquiera que ande por el campo. Son los alcaravanes afianzando ya sus territorios de cría para avisar a los posibles competidores. Es un ave de la familia de los limícolas, toda ella ligada a los ambientes húmedos, excepción hecha de el, que prefiere terrenos yermos y cultivos. Mide aproximadamente 40 cm. y tiene la cabeza redondeada, con unos enormes ojos amarillos y pico grisáceo con la cera también amarilla. Su plumaje es de color arenoso, abundantemente rayado de pardo, algo más oscuro en el dorso que en el pecho, las alas son pardas con dos bandas blancas en los extremos. Sus patas son muy largas y de color amarillo. La voz es un lastimero y aflautado “choouuurliiiii” más o menos repetido y que generalmente suele emitir al anochecer y que por nuestra zona hace que se les conozca con el nombre de “chorlito”. Es de hábitos crepusculares y nocturnos, aunque si no se le molesta, también suele tener actividad diurna. Raramente levanta el vuelo, es un ave muy, muy terrestre y cuando vuela lo hace con vuelos bajos y no muy largos, lo que si es, es un excelente corredor. Es bastante sociable, sobre todo en invierno y en ocasiones forman pequeños bandos que en las horas de actividad, se intercomunican con frecuentes reclamos. Su alimentación esta basada en la captura de grandes insectos como escarabajos, langostas, gusanos, algún caracol y muy raramente, algún ratoncillo o polluelos de aves.
A la hora de criar son muy poco exigentes ya que su nido es una depresión en el suelo, sin tapizado alguno, en lugares descubiertos, donde depositan dos huevos relativamente grandes, de color terroso y moteado de pardo, que incubarán ambos adultos con constantes relevos. Los polluelos son nidífugos, esto quiere decir que al poco de nacer ya abandonan el nido. Al menor atisbo de peligro los adultos abandonan los huevos o los pollos, que quedan perfectamente camuflados por su colorido, intentando atraer la atención del enemigo hacia ellos y así despistar y alejarle del nido o de donde se encuentren los pollos. Generalmente hacen una sola puesta aunque pueden hacer de reposición, si por cualquier causa no terminaran de subir los polluelos.

Fuente: Texto y fotos: Félix Fernández